Nadie puede cortarte la libertad, nadie, amenos que tu lo permitas o tu mismo te enjaules en el encierro, cuando tu mente es libre, tu cuerpo también, aunque así no lo sienta.
Si por esas cosas de la vida te sucediera que se adueñan de tu libertad, grita sin cesar, pues la voz viaja como el viento, y este donde este siempre será escuchado el sonido de tu voz.
Por más profundo que sea el pozo, por alta que sea la montaña, siempre abra una nota de tu voz que llegara a oídos de alguien que se alegrara de escucharla.