martes, 5 de abril de 2011

En la vida casi siempre encontraremos alguien que nos dejara sin esperazas, sin aliento, sin sueños…Cuando eso sucede y ya no confiamos en nadie, cuando creemos que nuestras puertas se han cerrado para siempre, ocurre el milagro, y aparece ese ser que nos revive todos nuestros mejores sentimientos, y otra vez nos llena de esperanzas.    
Nos entregamos con confianza a la pasión y al gusto por lo desconocido. En la noche abrazamos al cuerpo irresistible que parado frente a rostros clama ser sostenido, y en se frenesís por no dejarlo escapar, olvidamos el condón de la conciencia y terminamos cenando la dieta del sida.