Como todo lo que sucede
en la vida, siempre hay un momento en donde debemos parar y pensar.
La vida a veces nos entrega una agitación total, y es un
momento en donde nuestra mente pierde todos los sentidos que
nos hacen disfrutar de lo que nos rodea.
En estas ocasiones perdemos la mirada
lateral, y solo nos enfocamos a mirar lo que hay enfrente de nosotros.
Muchas veces solo nos
focalizamos en lo que pasa por delante, y mientras hacemos eso, el mundo que
pasa por nuestro lado se va sin que nos percatemos de las bellezas que esconde a cada segundo.
Mientras nosotros nos distraemos en cosas sin sentido, la vida se va, segundo a segundo, minuto a minuto,
y luego el tiempo no vuelve para
regalarnos lo que hemos dejado pasar. Seamos más atentos sobre esto, pues no
sea que la vida nos sorprenda dándole un adiós y una mirada llena de nostalgia
por aquellas cosas que dejamos en el olvido mientras la vida se nos iba en
silencio. Cuando tenemos ese descanso que la vida nos entrega para estar con nosotros
y con Dios hay que aprovecharlo. Hay momentos
en que tenemos que encontrarnos con nosotros
mismo, sentir la voz interna y analizar nuestros pensamientos. También muchas veces necesitamos comprendernos más y
comprender más a los demás. Todo minuto que pasa en la vida no es
vano, ningún tiempo, así sea uno tranquilidad,
así sea uno de agitación absoluta, todos
nos están entregando alguna enseñanza que la valoraremos con el tiempo.
No nos olvidemos que la vida está en este instante en el estás leyendo esto, que
es solo eso, es un momento y un instante que a veces se pierde en tan solo en un suspiro. La vida es ahora y en
este momento, todo lo que existe es hoy,
y el mañana es simplemente un pensamiento, una
esperanza de que lo hoy existe mañana continúe.