Dios a puesto en la vida a muchos guerreros que luchan día a día, y cada uno templando la espada de la fe, la esperanza, del amor y la confianza se hacen camino entre aquellos que quieren poner trabas a su paso para su crecimiento personal.
Estos guerreros saben que serán criticados y juzgados y a veces hasta adorados por sus acciones, pero nada dejara que ellos realicen lo que creen que es su aprendizaje en el camino. Estos guerreros conocen que la vida es simplemente un instante que se termina en un segundo, que la espada del tiempo o de un enemigo puede golpear sin previo aviso. Ellos no se dejan paralizar por las críticas y avanzan sin miedo a pesar de todo, porque saben que mañana estarán nuevamente las críticas y los elogios y la muerte, y que también abra vida nuevamente.
El guerrero sabe que la muerte no es muerte, que es compañera de la vida desde que nacemos en todo momento, que es simplemente un descanso de nuestro espíritu aventurero, y no una torturadora de la vida como algunos creen.
Los guerreros creen que la confianza el respeto viene de las mano de los valores que uno tiene para si mismo y hacia los demás, cree que no hay nada mejor que la mano abierta, y no el puño escondió del traicionero.
Los guerreros saben que las lagrimas los hicieron fuerte y que no se avergüenza de ellas, sabe que el amor lo enterneció cuando se sintió inflexible por la penas de la vida.
Un guerrero ama a pesar de todo, ama aunque alguna vez fue traicionado, y no deja que esa pena deje a los demás sin su amor.
Un guerrero terminara su camino de pie, y con su mano sosteniendo la espada sabrá que ha cumplido, dejara en silencio su uniforme de carne y huesos para cambiarlo por aquel que estará lleno estrellas y el que tendrá que usar para su nuevo trabajo.
Un guerrero de dios no tiene nada de especial, es un simple ser como tu y como yo y como muchos que vamos corriendo detrás esos sueños que hemos venido a cumplir.
Llega siempre donde quieras llegar, llorando, riendo, con hambre, con sed, solo o acompañado, no importa solo llega, abre esa puerta y encuéntrate con ese guerrero que eres y con ese maestro, que es tu Dios.