Hoy en la vida se perdieron grandes cosas, como la palabra, que antiguamente era como un documento que llevaba nuestra firma.
Se perdió también aquel apretón de manos, que mostraba a la persona que lo recibía, que nuestras manos no empuñaban armas y que eran dignas de ser estrechadas, hoy solo es un apretón por costumbre.
Hoy usamos el abrazo, un abrazo que nos impide ver la cara de la persona, y al que se le puede herir por la espalda si así lo quisiéramos.
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