miércoles, 20 de octubre de 2010

Nuestra raíz.

Buscando encontrar la similitud entre el hombre y la naturaleza encontré que el árbol era el que más se asemejaba.
   El árbol y el hombre se alimentan del centro de su fuerza, el árbol lleva su fuerza en su raíz, y el hombre en su alma.
Al árbol si se le contamina su raíz, terminara contaminando todo su cuerpo, su tronco empezara a debilitarse y perderá la figura fornida, sus ramas ya no nacerán con fuerza y las hojas al nacer morirán prematuramente.
 El hombre también a veces no se da cuenta de lo que consume y va  infectando su raíz, pero no en alimentos, sino en palabras, pensamientos y actos.
Cuando el hombre contamina su alma esta infectando su raíz, y luego estará  infectando su tronco que es su vida, y después seguirá con sus ramas  que son sus sueños, sus hojas que son la fuerza y la fe de alcanzar sus metas, mueren como las hojas del árbol prematuramente.
Los hombres, los seres humanos en general tenemos que saber que también se contamina el alma cuando el hombre deja que los problemas lo dominen.
 Muchas veces no nos damos cuenta de que nuestra raíz  fue infectada hasta que nos encontramos con una angustia interna, una angustia que parece ahogarnos día a día, y es entonces cuando vemos, que nuestras esperanzas se van desvaneciendo en ese camino lejano de alcanzar los sueños.
 Cuando nos sucede  eso es porque ya entramos en un camino oscuro de desesperación,  por encontrar un remedio que reviva a esa raíz.
 Pero como muchas veces pasa, la cura no llega a tiempo, porque el hombre no tiene paciencia y teme luchar, prefiriendo morir que  intentar obtener una victoria sin quizás conseguirla, pero al menos quedarse con la satisfacción de haber luchado por una solución.
Los hombre no puede cerrarse en un problema debe mirarlo desde afuera, no debe dejar que llegue al conciente y subconsciente porque lo absorberá el alma, y ella al verse infectada, reflejara toda su angustia en lo exterior, y entonces veremos que todo lo que asemos es en vano, y comenzaran a morir todas las esperanzas hacia el futuro.

                                                                                         Alejandro Barceló

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