viernes, 15 de octubre de 2010

El día inesperado.

Despertó una mañana sintiéndose diferente, sus actos no eran los de siempre.
Una amabilidad que nunca había tenido floraba de sus entrañas, todo le parecía raro, a todos quería saludar y expresar sus sentimientos. Sentía que la vida le era hermosa, que le sonreía a todo aquello que una vez le había dado la espalda. No comprendía que pasaba, pero ese día le parecía el más hermoso que había vivido. Cada cosa que veía la comprendía mejor, se estaba dando cuenta que todos estos años no había mirado con atención todas las cosa maravillosas que le rodeaban. Camino por las calles sin apuro, se tomo el tiempo que antes no tenía, visito a sus amigos y a todos aquellos que en algún momento dejo de lado. Pasaba el día, y el regreso a casa parecía no preocuparle a este hombre, que encontró que todo era como un mundo diferente. Este hombre estaba, como que nunca hubiera visto nada de lo que antes veía con rutina. Todo el mundo lo miraba con atención, porque en sus ojos algo se reflejaba, pero él, no sabía que era. Estas miradas no lo detenían para hacer lo que no había hecho en años, como disfrutar de la vida, llenarse de amor y comprensión. Caía la tarde y él seguía recorriendo los lugares, el tiempo no existía para este hombre que quería vivir todo lo que antes no pudo, por su trabajo, por los momentos que creyó conveniente descansar cuando no lo necesitaba. Empezó a llegar la noche, ya no quedaban lugares y personas a quien visitar, todo lo que tenía que hacer, ya llegaba a su fin. Empezó el retorno a casa, mirando las estrellas y entre algunos suspiros que le iban quedando se despedía de este día.
Estaba cerca de la casa, ya quedaban pocos metros para abrir esa puerta que jamás cerraría, faltaban algunos pasos cuando en ese entonces, se le acerco un niño, que con una sonrisa piadosa lo despedía. Este hombre cariñosamente, le froto su mano sobre su cabeza como perdonándose, por no tener mucho agrado por los niños. Para el eran una molestia cuando pretendía descansar, porque ellos con su simple juego lo molestaban. Ya en su casa se paro frente a la puerta, respiro profundo como disfrutando de un último aliento, y con un último suspiro se dirigió a su cuarto a descansar. Miro su dormitorio, desarmo la cama para dormir, se acostó, serró los ojos, y entre sueños nunca más despertó. 
Así es la vida del hombre que no mira a su alrededor, cuando se da cuenta de lo que es la vida realmente ya es tarde. Deberá esperar su próxima oportunidad. 


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